¿El dinero mata?

El dinero mata

Nos pasamos la vida, sin casi darnos cuenta, haciendo unas cosas para obtener otras: estudiamos para obtener un trabajo, trabajamos para que nos paguen a final de mes, trabajamos para conseguir una casa, o un coche o un viaje al espacio, montamos empresas para conseguir dinero, hacemos horas extras para ganar más dinero y así podemos encontrar mil ejemplos que nos lleven a obtener algo más a nivel material, ¿pero lo conseguimos? ¿Somos más felices cuando obtenemos todo esto?

 

VIAJANDO MÁS ALLÁ

Hace unos meses estaba viajando por el sudeste asiático. En esta aventura uno de los países en los que me hacía ilusión sentir toda su vida, era Camboya. Tenía amigos que la habían visitado y habían quedado fascinados de la gente, de sus paisajes, de sus vidas y de las miradas profundas y sin igual de los niños.

Y en estos puntos estaba mi interés, yo no pretendía ser turista sino solo viajera, confundirme entre sus gentes, perderme y reencontrarme en cualquier poblado, vivir el país desde dentro.

Aquel día había intentado huir de los templos de Ankor (un lugar precioso pero en el que no caben más turistas) y buscar otras opciones, otros templos menos explorados. De este modo encontré unos templos muy poco visitados, descubiertos hace muy poco tiempo. Esto ha hecho que no llegue una gran cantidad de turistas sino solo aquellos que quieren ir un poco más allá perdiéndose en nuevas aventuras.

 

LA SINCERIDAD DE LOS NIÑOS

Después de viajar dos horas en Tuk Tuk y pasar por pequeñas aldeas que casi amanecían a nuestro paso, llegamos a aquellos templos. Y allí tenía un par de horas para descubrir con Joane (una americana con quien compartía el Tuk Tuk) la belleza de aquel lugar. Paseé, imaginé las vidas de las personas que habían habitado esas tierras siglos atrás, disfruté de la vegetación que se había apoderado de los tempos y después de disfrutar de aquellas imágenes, salíamos hacia fuera para volver a nuestro Tuk Tuk. Y ahí vimos la escena que tanto me ha hecho pensar al respecto:

«Un grupo de tres niños pedían caramelos a los turistas mientras estos sacaban su bolsa y repartían. Pero en los niños no había una mirada de «gracias» tan solo una mirada de «ey, turista, es tu obligación darme caramelos«. No habían dado ni tres pasos los turistas cuando una de las niñas había abierto un chupa-chup lo había probado por dos segundos y ya lo había tirado al suelo, con desprecio.

Diez metros más atrás había un par de niños más y una señora con rotuladores en una bolsa. Estaba sacando dos para dárselos al niño pero él quería la bolsa entera. Mostraba su cara de enfado, intentaba tirar de la bolsa para hacerse con ella y no iba a permitir que le diesen solo dos rotuladores».

 

LIFE LEARNINGS

¿Cómo habían llegado ahí? ¿Cómo estos pequeñajos eran capaces de mostrar tanto desprecio hacia otros seres humanos? ¿Por qué había desaparecido de sus caras la sonrisa y la mirada inocente?

Aquella imagen me ha hecho darle vueltas a cómo se llega ahí y más en un país en el que escasean los recursos, donde muchos días el único alimento es el arroz y la única casa un conjunto de tablas de madera unidas y una hamaca.

Yo creo que se llega ahí por la abundancia, y con esto no hablo de cantidad sino solo del hecho de tener más incluso de lo que uno puede llegar a apreciar.

Estos niños pasan los días en esa puerta de entrada donde transcurren personas: uno les da caramelos, otro bolis, otro más caramelos, otro algo de dinero, y más chuches, y más bolis, y más dinero y más chupa-chups hasta que llega un punto que con ese tipo de «dar» se acaba perdiendo el valor de las cosas.

No es su responsabilidad, para nada, ellos solo ponen las manos y otros las llenan, pero en ese proceso se ve perfectamente como el «tener» llega a perder el valor. Si ese «dar» fuese acompañado con aprender una serie de valores, de emociones, de aprendizajes, etc. estos niños vivirían la situación de forma distinta, ¿no crees?

 

NOSOTROS SOMOS NIÑOS EN EL FONDO

Y los adultos somos niños en miniatura. Cuando empezamos a obtener y tener cosas nos acostumbramos muy pronto al hecho de poseerlas pero no tanto al de disfrutarlas. Es curioso como la cantidad y la repetición acaba «matando» el disfrute y la ilusión.

 

RETO DE LA SEMANA:

El reto de esta semana es casi un premio para ti. Solo te pido que salgas a la calle con unos pocos euros en tu bolsillo e intentes obtener algo sencillo: un helado, un caffe latte, un bocadillo de jamón, lo que sea. Y en ese punto concéntrate en disfrutar de ese algo, en olerlo, en saborearlo, en vivirlo, como si fuera la primera vez que te encontrases con lo que has conseguido. ¡Ojalá tu sensación de poseer empiece a cambiar!

¡Nos vemos la próxima semana!

Reme Egea
Reme Egea
Maestra de Educación Física, Formadora en Habilidades Directivas y Gestión de Equipos, Psicóloga, Creadora del proyecto educativo "Con los pies en el aula", Conferenciante, consultora y socia de Proformación S.L.

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